¡Feliz Navidad!

12:43 p.m.



Cuando era chica vivía la navidad de una forma muy diferente. Me acuerdo que desde que me levantaba a la mañana ya se sentía ese olor a navidad. Todo el mundo estaba desesperado, principalmente mi vieja que se echaba toda la responsabilidad al hombro. La casa se llenaba de gente, la familia viajaba desde sus lugares hasta mi casa e invadían cada habitación. Llegaban el día anterior y se instalaban por todos lados, era un quilombo, pero estaba buenísimo. Éramos muchos. Nosotros, la familia política de cada rama, hijo, primo, tío. Estábamos todos juntos, lo teníamos todo ahí y no nos dábamos cuenta.
Se arrancaba temprano, pero a los chicos de la familia nos obligaban a dormir la siesta. “Si no dormís la siesta no viene Papá Noel”. No sé si no nos importaba o estábamos demasiado ansiosos, pero solamente nos hacíamos los dormidos.
Mi viejo era el encargado del asado. Era una situación muy patriarcal, pero en ese momento éramos demasiado felices como para darnos cuentas. En ese momento no me importaba, no como ahora. Mi mamá se encargaba de todas las cosas frías, las ensaladas y de que todo quede perfecto.
A la hora de la cena la mesa era enorme. Estaba ensamblada por todos lados para que entremos y siempre había alguno que improvisaba un banco, porque no había cantidad de sillas que alcance. La pasábamos bien, disfrutábamos en familia, comíamos mucho y se tomaba bastante también. A mi me daban gaseosa de esa barata porque éramos muchos. No era fea. Tenía gusto a navidad.
El árbol de navidad tenía adornos de todos colores, era tradición que todos los años alguien te regale uno nuevo, así que era de todo menos armonioso, pero tenía un no se qué… un poquito de todos. Brindábamos a las doce, y eso era otro quilombo porque no hay reloj que combine con los demás. Que ya son, que falta un minuto, que ya pasaron tres, que el mío marca diferente. Hasta que explotaban los fuegos artificiales y el ruido nos decía que, efectivamente, ya era navidad. Brindábamos. Chocábamos vasos de todos los modelos posibles. De vidrio lisos, con motivos, altos, bajos, vasos de plástico. Prácticamente nos empujaban afuera, nos compraban fosforitos para que nos mantengamos entretenidos. En esa época éramos unos inconscientes y nadie se daba cuenta del daño. Nos entreteníamos y nunca nos dábamos cuenta que, entre la gran cantidad de gente que salía afuera siempre faltaba alguien que, a escondidas, ponía todos los regalos en el árbol. Cuando entrabamos, otro quilombo más. Encontrar cada uno su regalo, entre la ansiedad, la euforia y la felicidad, era posta, un quilombo. Pero eramos felices, y Papá Noel no siempre tenía algo que queríamos. Hemos recibido desde súper juguetes, hasta medias, binchas, colitas. Y no nos importaba.
Después venía lo mejor. Las guitarreadas de mi hermano y los versos de mi viejo, todo entre sidras, confites de colores y pan dulce.
Navidad es todo lo que envuelve a la noche, todas y cada unas de las excusas que usamos para disfrutar con la gente que queremos. Para mi la navidad hoy es diferente, a la mesa de mi familia le tuvimos que sacar varias sillas. Hubo pérdidas, separaciones, distanciamiento. Quedamos pocos y aunque nos duele a todos, siempre lo intentamos. Siempre armamos la mesa de navidad y la compartimos y la disfrutamos. Nos tenemos.
Feliz navidad para todos. Sueñen y vivan, pero, sobre todo, disfruten de los que están.
Los quiero

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1 comentarios

  1. ¡Hola! Feliz Navidad para ti también. Es doloroso cuando tienes ausencias pero aún así tenemos que hacer todo lo posible por seguir adelante y disfrutarlas los que quedamos. Un besote :)

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