Miradas que matan

14 de enero de 2014


Ella lo miro y sonrió, dejando correr en sus venas un ardor muy particular. Una sensación de escozor en su piel la distrajo de la imagen de aquel hombre. Prestando un poco de atención, sintió como el aire pesaba en sus pulmones, como el corazón abandonaba su constante ritmo y adquiría uno mucho más frenético. Su estómago se retorcía, sus manos sudaban, su cerebro daba vueltas, y la adrenalina giraba en espirales dentro de su vientre.  Punzadas electrizantes paralizaban sus emociones, un frió se deslizo por su espina dorsal y sintió que no encontraba la voz en su propio cuerpo, que de repente, se encontraba completamente desestabilizado, fugazmente afectado tan solo por una simple mirada. Desde ese momento, algo había cambiado en su interior, y nunca volvería a ser igual.